“Pienso en ti como en una montaña”, le decía Pilatos a Triana, “engalanada de nieve, con
un porte de suprema dama que no regala nada; seductora y altanera, impeles a quien pasa
junto a ti a que intente escalar tus escarpadas y sensuales cumbres, mas cuántos se dejan
la vida en el camino, donde sólo uno tiene derecho a reinar en tu seno”.
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