Ya había abandonado la alameda de Triana, también nombrada del Caño, y Pilatos caminaba
pensativo y achacoso, desviándose un poco hacia la izquierda, por donde esperaba encontrar
a Las Micaelas, siete hermanas, a cual más hermosa y a cual más docta, cuyo amor se
disputaban dioses y diosas de cualquier índole, aunque nadie había conseguido conquistar
sus bellos corazones, tan llenos de sabia intuición, que eran el oráculo de quien anhelaba
saber un poco más de sí mismo. Las siete eruditas se llamaban como las siete notas
musicales, y cada una hablaba en el tono de su nombre, mas La Gloria se manifestaba,
cuando el coro de las siete hermanas recorría con sus misteriosas voces el aire; entonces,
los más enamorados ruiseñores aprendían de ellas. El Caballero Renqueante ya había
comenzado a escuchar su bello canto, y aunque sabía que no podría verlas, eran su
consuelo, cuando lo que más amaba y deseaba en el mundo le daba la espalda.
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