Al Desaparecido Mar de Valdeobispo, decía verlo Pilatos en momentos de canícula, mas eran
las grandiosas lágrimas de los inmensos corazones de una mítica generación de dioses, más
primitivos y más rudos, antiguos progenitores de los actuales, que emigraron dejando a sus
descendientes el lugar donde su llanto era recogido, cuando amaban y odiaban, con
sentimientos capaces de hacer temblar al Cielo y hacer crujir La Tierra.
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