“¿Y qué te parecen mis verdes ojos engarzados como perlas en una diadema, que deslumbre por
las calles de La Villa, mientras tu alma se solaza ante las estrellas?”; “¡qué me van a
parecer!”, le contestó Triana, “¡que estás loco de atar, como lo está tu espada y tu
corazón, y los duendes que habitan tu fragua o el oro con el que tejes mil filigranas, y
tus bellas y misteriosas palabras también están locas, y yo, sobro todo yo, por no poder o
no querer evitar ser parte de tu loca alma”.
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