Al cumplir los siete años, Triana recorrió con sus preciosos ojos El Cielo y ubicó su
corazón junto al Sol de El Maderal; nada la disuadía de la pasión que sentía por El Astro
Rey, quien cada vez que la miraba caía dentro de su alma, con el corazón abrasado y
rebosante de incontenible dicha. Llegaron los catorce años y un cuerpo de perfilada mujer
gritaba al Aire sus encantos, enloqueciendo a los vientos y desquiciando de celos al Sol,
que vagaba enajenado tras su enigmático espíritu, intuyendo su enamorado destino, mas sin
saber aún el desenlace de lo que le estaba ocurriendo. Hasta que La Diosa de Las Gemas
alcanzó los veintiún años, y entonces se desencadenó en el corazón naranja un profundo
río, donde los duendes y las hadas de El Maderal se bañan locamente enamorados.
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