El Herrero del Corazón de Fuego había convencido a Triana, para que lo acompañara hasta La
Alameda de Majavacas, la diosa cuyos cabellos se convirtieron en álamos, y allí le contó
una fábula: “En El Mes de La Luna, le decía El Forjador de Sueños, fue concebido un rey sin
corona, sin súbditos y sin tierra donde levantar su castillo y su corte, mas El Destino, que
había tejido en su corazón con hilos de oro y plata un nombre, lo llevó de un lado para otro
hasta otorgarle una espada, con la que conquistó un reino, luego su sapiencia reunió en torno
suyo a gentes, que sintiéndose perdidas, allí encontraban su razón de ser y de sentir, y por
último un mágico herrero lo obsequió con una corona, cuyos resplandores deslumbraban y herían
a su alrededor, haciendo que semejara un dios. Pero un día ese rey leyó lo que había escrito
en su corazón, mediante un sortilegio, hecho en un santo lugar, con los modos y las maneras
adecuadas, y desde ese instante abandonó su corona, a sus súbditos y todas sus tierras, para
vagar como un mendigo, buscando alcanzar su alma, que estaba hecha con esencias de La Luna, y
pendía cada noche del Cielo, como riéndose de su absurdo deseo. El Solitario Caballero iba
trenzando una malla en su corazón, que formaban los caminos que recorría y los sortilegios
que realizaba, hasta que llegó a este santo lugar llamado La Villa de El Maderal, por ser un
santuario para viejos olmos, jóvenes pinos, retorcidos alcornoques, frondosos mimbreros,
negros y blancos álamos o apasionadas encinas y robles. Y aquí encontró un mundo de seres y
de sentimientos, que no parecía tener límites, donde lo pequeño podía ser inmenso y lo grande
caber en el agujero de una larva, dentro de una gogalla. Con los conocimientos que había
adquirido del Mágico Herrero, que le regaló la deslumbrante corona, comenzó a forjar su
espíritu, e iba viéndose reflejado, cada vez más, en un espejo que simulaba una mujer...” En
ese instante El Sol enmudeció, cual si estuviera herido de muerte. “Sigue, lo animó La Luna”.
“No, sigue tú”. “¿Yo?, ¿por qué yo?” “Porque tu eres el espejo y yo quien te mendiga las
maravillosas imágenes”.
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