Donde El Sol forjaba sus armaduras, sus espadas y sus sueños, se presentó La Luna de blanco
rostro y negro atuendo, para exigirle a Pilatos que cumpliera con un encargo de hacía
tiempo. El Rey de La Forja puso manos a la obra, y mientras La Luna de El Maderal danzaba
de un lado para otro, con su alada falda y jersey de cuello alto y sin mangas, el tintineo
de preciosos metales fue dando misteriosa forma a una larga cadena, que une eternamente sus
apasionados corazones.
|