Esta inscripción la cinceló Pilatos en una de sus espadas de oro, y Triana la había
colgado a la cabecera de su lecho de amor, cual sagrada escritura, que traspasaba sus
enamorados corazones: “Yo no deseo que la luz me deslumbre, sino que la oscuridad me anime
a ver más claro; en perpetua sinrazón te estaré amando; ya no urdiré más pasiones, y
abriéndome en honor a mis hermanos, les propondré imaginar una jofaina, para que laven
piadosos sus encantos, y mirándose en espejos muy profundos, puedan verse así mismos
destronados”.
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