“Si una gema adquiere poder y es capaz de engrandecer los sentimientos, desviando ríos y
reventando presas o haciendo que en El Mar haya caminos; ese es el espíritu del jaspe”. Con
estas nada esclarecedoras palabras se dirigió un sabio de La Villa a Pilatos, que fue a
rogarle consejo sobre El Amor, y se encontró en sus manos con una diminuta y jaspeada piedra,
que según el artífice del pulido de sus siete caras, en lugar de tranquilizarlo, le
arrebataría el sosiego y lo haría soñar casi sin medida.
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