Llevaba Pilatos trabajando infinitas noches en un peto de oro y plata, que pensaba regalar a La
Dama de La Villa Encantada, sin que Ella lo supiera, para proteger su corazón de algún apasionado
caballero, y tardaba tanto, porque se le había ocurrido conjurar los enamorados dardos, que
lanzaran sobre ella, con un mágico número representado con repujadas estrellas, en forma de
plateado carro, que portaba a los días de la semana, cada uno figurando un héroe, intentando
detener la inmensa fuerza de un loco de amor, y allí estaba en primer término La Luna, La Diosa
a quien iba dirigida la armadura, y después Marte, El Terrible Dios de La Guerra, seguido de
Mercurio, El Veloz Mensajero de Los Dioses, y Júpiter, El Dios Supremo, Artífice de Los Rayos y
Los Truenos, con Venus, La Bellísima Diosa del Amor, y Saturno, El Padre de Júpiter, hasta
llegar al Domingo, que desconozco a que dios romano representa, aunque bien podría ser Baco, El
Dios de Las Borracheras y La Fiestas.
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