Pilatos, El Sol, le decía a Triana, La Luna: “Todos mis tesoros pertenecen sólo a tu
corazón; en mi mágica fragua he forjado un espejo donde tu divina alma puede reflejar
sus grandiosos misterios y desentrañarlos, o un beso con la grandeza de los colores del
Arco Iris y un puñal capaz de dar placer en lugar de herir; también he logrado que
parezca verdad un maravilloso sueño y que una horrible pesadilla semeje una ilusión, mas
nada de todo esto tiene sentido si tú no eres su dueña y señora”.
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