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la dama del caballo con alas      de     Carlos López Matías "el filipino"
   
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LA DAMA Y EL CABALLERO la dama del caballo con alas

Había nacido de los rayos de La Luna y llevaba el sortilegio de un caballo con alas sobre su blanca piel, enamorando a quien la contemplaba, hiriéndole profundamente el corazón, hasta nublarle el entendimiento. Poseedora de innata majestuosidad y hondos gestos de altivez, te apuñalaba con oscuros ojos de misterioso brillo, mientras te hablaba con perlada voz, lastimándote el alma, incapaz de soportar a una apuesta diosa dirigiéndose a un pobre mortal. La Dama del Caballo con Alas hacia sonrojar al Cielo cuando sonreía y en sus ensortijados cabellos se enredaban apasionados duendes, que la hacían semejar una bella hechicera, capaz de hacer que El Sol ocultara su resplandor ante La Preciosa Gema. Se decía que había tomado forma humana, y así proseguir la eterna búsqueda del trozo de alma que le faltaba, mas cuando La Luna exhibía su hermosa redondez, se la veía cabalgar un azulado y refulgente corcel alado, cual si enloquecieran sus portentosos sentidos. Un tallador de piedras preciosas vivía a orillas de un serpenteante río, que atravesaba un lugar lleno de encantamientos, y contaba siempre la misma historia: “Una princesa vendrá que hará con su piel un corcel, al que le brotarán alas, y lo llamará Triana; ellos vivirán a la derecha del Río Talanda, mientras que por el lado izquierdo llegará alguien, que me comprará una piedra jaspe pulida por siete caras, y este hombre al que llamaremos Siete Días y Siete Meses, lucirá en su cintura una maravillosa espada de nombre Pilatos. Dicho caballero, de plateados cabellos y atavíos de azabache, se encontrará cara a cara con La Dama del Caballo con Alas, y Siete Días y Siete Meses blandirá Pilatos frente a los azures cascos de Triana y su hermosa amazona, dando comienzo un apasionado duelo, que se prolongará eternamente”. Mas en ese preciado lugar, donde los árboles están poseídos por hadas y duendes, había otros sabios a los que gustaba tener su propia versión, como el que hablaba con exagerada vehemencia del embellecimiento de La Rodera, un angosto camino de empinadas cuestas y abruptas bajadas, que La Luna hollaba cada noche con sus atormentados pensamientos, mientras El Sol había huido hacia el teso de enfrente, ocultándole su desmedida pasión y forjando en su grandiosa fragua áureos alamares con refulgentes esmeraldas, que esperaba ver colgados algún día del Alado Corcel, que La Nívea Luna poseía. O este otro poeta, que decía haber visto una premonición de su amor en cuatro veces siete días, que tarda La Mágica Luna en vestirse o desvestirse, propiciando que al finalizar su desnudez o al terminar de ponerse un vestido de gala, todas las mujeres en edad fértil hagan votos de sangre en su honor. Pero quizá, los más hermoso de todo era lo que gritaban los niños corriendo por las laberínticas calles de La Villa, incapaces de razonarlo: “¡Dios está con ellos y no es blasfemia!, ¡Dios está con ellos y no es blasfemia!, ¡Dios está con ellos y no es blasfemia!...”

El Maderal, es La Sagrada Villa donde todos estos sueños y muchísimos más tenían lugar; misteriosos sueños de dos corazones, que ojalá algún día den a la luz una sola alma negra y blanca, con una enigmática espada y un caballo con alas bellamente herido de amor.

Carlos López Matías "el filipino"