Si a Remancebos se le oscurecía el entendimiento en presencia de Triana, Santana, La Diosa
Menuda y Sutil, arrancaría El Teso de La Horca y se lo pondría como sombrero, si Pilatos
se lo insinuara. Sus ojos semejaban perlas y sus labios abrasadores pétalos de una mágica
rosa, pues cada vez que besaban, convertían al agraciado en un ser enduendado y misterioso.
Mas la pasión que sentían Santana y La Luna de El Maderal por Pilatos, no era obstáculo
para su amistad, que estaba jalonada de abruptas riñas y de entrañables reconciliaciones.
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