Soñaba La Luna en su palacio de nieve y cristal, y su sueño era de color verde, como las
afiladas hojas de los pinos de La Boza, o púrpura, como los frondosos guindales de Carrecubo,
pero también malva, cual corros de violetas en El Caño, mas de pronto se volvía de color
anaranjado, como los montículos de tierra del Tejar, o se tornaba azur, como las plantas de
espliego del Cándano, para ser esta vez gualda, como los campos de girasoles de Valdeladrones,
transmutándose en azul, cual inexistente mar en Valdeobispo, mas lo que ocurría era, que el
alma de Triana estaba siendo traspasada por el corazón de Pilatos.
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