Triana dormía custodiándole sus imprevisibles sueños dos centauros, que Pilatos encontró
recién nacidos en Los Pinares de Cuestarrubia; desamparados como estaban, los recogió y
se los dio a cuidar a La Luna de El Maderal, que no dudó en hacer de madre, de aquellos
dos seres míticos; uno a medio camino entre una cría de yegua y una niña y el otro mitad
potro y mitad muchacho. Ambos eran hermanos, y mientras sus cabellos y sus ojos
atesoraban el brillo del oro, su porte equino era como la piel de su protectora, de un
blanco deslumbrante. Sus nombres eran Tierra y Cielo, y ya habían crecido lo bastante,
como para despertarse amor entre ellos.
|