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la dama del caballo con alas      de     Carlos López Matías "el filipino"
   
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LA CENA la dama del caballo con alas

El Caballero de La Espada de Oro llamó a la puerta de La casa de La Luna, y le abrieron unos ojos cual luciérnagas, que se multiplicaban en el laberinto de espejos que era su morada. Subieron por una escalera de palo santo, toda iluminada con velas, y bajo una cúpula de cristal, se acomodaron los dos en torno a una mesa de ébano, sobre sillas de caoba. Ambos comenzaron a degustar los platos que había a la vista, y Pilatos preguntó: “¿No tienes huevos fritos de gallina?”; “¿te gustan los huevos fritos?”, lo interpeló Triana; “claro, y mucho mejor si son de corral”; “¿sabes cuantos días tardan en incubar los huevos las gallinas?”, la interrogó una vez más El Fabuloso Herrero; “dímelo tu, que no lo sé”; “pues veintiún días”; “¡vaya!”, se sorprendió La Blanca Dama; “¿y de paloma?”; “¿quieres huevos fritos de paloma?”; “¡no!, ¿que si sabes cuántos días tardan en incubarse?; “pues tampoco lo sé, pero me lo vas a decir tu, ¿verdad?”; “sí, te lo voy a decir, tardan catorce días”; “¡pues qué bien!, ¿te queda algún huevo más por incubar?”; “sí, me quedan por incubar los de pato, que eclosionan a los ventiocho días, los de ganso, que lo hacen a los treinta y cinco días, y los de avestruz, que se abren al mundo a los cuarenta y nueve días”; “¿has acabado ya de incubarlos todos?”; “sí”; “pues coges las crías y montas una granja en tu casa, ¡listo!”.

Carlos López Matías "el filipino"