A Pilatos le era imposible convencer a La Luna de la sinceridad de su amor, y en su
desesperación, hizo algo insólito; reunió de forma real sus terribles celos, y creó un
monstruo capaz de fulminar con la mirada. El Destino quiso que tan enloquecido ser tuviera
su primer encuentro con Triana, y esta, que reconoció enseguida los sentimientos que
embargaban a semejante atrocidad, tensó los siete colores de su mágico arco, y traspasó
los verdes ojos de quien había sido engendrado para matar, sin que llegara a cumplir jamás
tan nefasto propósito.
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