“Escucha, Triana, es Pilatos quien te habla”, le decía un duende a La Luna, “toma esta aguja de
oro, estos dedales de plata y este hilo hecho con la sangre de mi corazón, y bordale a La Villa
de El Maderal una luz que ensarte unas lágrimas, para que haya siempre un Arco Iris entre los dos”.
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