El Sol jugaba al aro con El Arco Iris, bajando y subiendo desde Pilatos hasta Triana, mas La
Luna se lo quitó, y se lo puso a la cintura, moviéndose con la gracia de una sutil gema a
punto de estallar de maravillosa luz, y El Sol pensaba que morirse así, admirándola, sería
una bendición.
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