“¿Sabéis a qué sabe un beso de La Luna?”, gritaba Pilatos por las calles de El Maderal,
“¡pues sabe a cruces de rosas clavadas en el corazón, y si esto os parece excesivo de
imaginar, podéis pensar en un río de fuego abrasando El Mar con desbordante pasión, o si
no, probar a abrazar las nubes, y cuando El Cielo os ahogue, se estará muriendo vuestro
entendimiento!”; estaba claro que El Caballero del Alma Llameante, tenía la razón
extraviada.
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