Negros ojos, luctuosos cabellos y una espada como nacida de nívea piel,
montan guardia sobre una gran cúpula, entre dos torres que besan el aire
oscuro, con ardientes labios de pétreos rostros. Son tan perfectas las
líneas de su espalda, que sus andares sobre el dorado tejado, columpian la
Muerte bajo sus pies, rendida como una esclava; mas es una mujer, aunque sus
nalgas pargan monstruos y de sus pechos mame el horror. Cual luna celosa,
vela haciendo el amor con las sombras, y su pasión ha poblado los
alrededores de multiformes seres, capaces de asesinar con la mirada a los
intrusos, que intentan llegar a la fortaleza sagrada. Valdelaloba, construida
para seducir e inmolar, está en medio de una selva de impenetrable maleza y
gigantescos árboles, y su tesoro, jamás admirado por ser humano alguno, se cree
que son los siete colores del arco iris, en siete perlas, poseedoras de la
enigmática llave del Paraíso, del que estamos excluidos los seres humanos.
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