A Juan Luis Sevillano, amigo del alma y gran cazador.
La vieron en los llanos y en los tesos de la Villa;
con las plumas blancas, volaba como un hada asustada,
perseguida por la Muerte,
porque ya había quien pensaba asesinarla.
Dicen que cantaba,
como desgranan los diamantes en la fragua,
cuando los golpean las ánimas.
Triana, de haberlo sabido, hubiera venido a escucharla;
mas después que la agonía arrebató sus alas,
ya sólo queda recordarla con lágrimas.
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