Voy a comprarme una navaja, con la empuñadura de nácar y la hoja de plata, y
con una hendidura detrás del filo, para gangrenar la sangre de quien provoque
a mi alma; la llevaré apretada contra el vientre, entre la faja, para que me
de tiempo a esgrimirla, si es que la Muerte me planta cara; y si alguien me
pregunta: <<¿Por qué llevas esa navaja?>>; le diré que es para trocear carne,
que yo trabajo de matarife en Triana.
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