De entre las tinieblas de La Villa de El Maderal, surgió un sueño tan
misterioso y bello, como el espejo de un tétrico lago; con este sueño se hizo
una trenza la diosa Farulla, una divinidad guerrera, que robó una noche los
tesoros de este pueblo de espíritus abracadabrantes, y que guardaban sus
riquezas en arcas de plata; estas consistían en pesadillas, sortilegios y
cadenas hechas con sombras; Farulla exhibía su cola trenzada con hadas y
fantasmas, como una cortesana de mucho lujo, y en las batallas que sostenía
contra sus enemigos, no blandía la espada sino su cabeza.
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