El Maderal es nuestra alma, su suelo es nuestra piel, sus casas nuestros corazones y sus
alamedas, sus pinares, su monte y sus manantiales son nuestros sentidos. Hago un
llamamiento a sus hijos, para que siga avivándose el fuego de todos sus encantos; no
dejéis que se despueble, volver, aunque sólo sea de forma testimonial; ¡empadronaos en El
Maderal!, para que nuestro pueblo no se muera y tenga capacidad de decisión frente a los
pueblos de alrededor y a su capital, porque si no pronto pasaremos a ser dependientes de
Argujillo o de Villamor de Los Escuderos. Coged los papeles de vuestros coches y pasarlos
por el registro del Ayuntamiento de La Villa, así ayudaréis a su economía, que es la de
todos, para que El Sol lo haga aparecer más bello cada día y La Luna reine por sus calles
con gran alborozo de noche.
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