A una serpiente, un puñal y una flor.
Dormido de dolor, como el santo de una pasión agotado por las
llagas del sufrimiento, yace el cuerpo de una reina, sobre el
lecho de una barca de oro, en un estanque de cristal. Peces de
plata brillan en el agua, como profecías de luz encarceladas.
Mantos de viento mecen sus cabellos ensangrentados, mientras
navega a la deriva en una tumba de esmeraldas. El cielo alberga
fantasmas entre sus nubes rosadas, y en las Belliscas negros
duendes gritan compungidos:
"¡Una dama blanca manchada de púrpura sueña sobre una balsa!".
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