Dos hombres se encontraron en una esquina de La Villa de El Maderal;
sus ojos se tornaron brillantes, y las manos se ensangrentaron,
palpando sus respectivos cuchillos, al sacarlos a la luz:
- Ten paciencia, que pronto volarás como los cuervos.
- No se hizo tu cuchillo para otorgarme alas.
- ¡Escucha!, el Cielo me pide tu sangre para calmar sus ansias.
- ¡Pues sea!; ven a por ella y cumple.
La Luna extiende, todas las noches, un velo blanco sobre sus tumbas.
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