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Tras los cristales de mi ventana
oigo la lluvia repiquetear,
sonido dulce que envuelve el alma,
que me permite a la vez soñar.
Un frío intenso hiela las calles,
los nubarrones van a llorar;
mis sentimientos, en sintonía,
se tornan grises, como la mar.
Cuando la nieve extiende su manto
cubriendo montes, llanos y valles,
una alegría infantil me llena,
por su belleza serena y suave.
Nubes oscuras de color plomo
liberan perlas, blancas, brillantes,
saltando alegres por los tejados:
es el granizo, que corta el aire.
La tierra absorbe gota a gota
la blanca escarcha de la mañana.
Tímido manto que deja el frío
cuando se asoma la luz del alba.
Los pajarillos acurrucados
en confortables nidos de paja,
dejan que el crudo invierno se aleje.
Con sabio instinto del frío se guardan.
El viento azota el cañaveral.
La blanca espuma del mar se agita.
El caminante apresura el paso
hacia su hogar, hacia su vida.
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