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Entre tus viejas paredes
hay encanto y poesía...
Lo siento cuando regreso.
No importa la lejanía...
... tus efluvios llegan lejos.
Traspasan grandes fronteras,
cruzan montañas y ríos,
se agazapan en las eras.
Y por mucho que tú quieras,
no te libras del deseo
de volver en cuanto puedas,
estés cerca o estés lejos.
Qué tendrán tus alamedas,
tus caminos y tus tesos...
que atraen con tanta fuerza,
que tanto desees verlos.
Tus gentes son amistosas,
sencillas pero entrañables,
acogedoras y llanas,
dicharacheras y amables.
A medida que envejeces
sientes la necesidad
de retornar al terruño,
para poder descansar.
El Maderal tiene embrujo.
El Maderal tiene gancho.
Por eso propios y extraños
siempre vuelven a su lado.
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