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Hay tantas clases de amor
como de seres humanos.
Cada cual siente el calor
de su presencia en sus manos...
... de muy distinta manera
y con fuerza diferente.
Para uno, es su vida entera.
Para el otro, indiferente.
Yo siento el amor latiendo
en las cosas cotidianas:
oyendo, hablando, durmiendo,
en la noche, en las mañanas.
Pero el más sublime amor
es el que presiente el alma,
cuando sientes el clamor
de tu corazón sin calma.
Correrías alocado
en pos de tu ser querido.
Nada importa, ni es pecado...
Todo vale. Estás herido...
... por la envenenada flecha
que Cupido te lanzó.
Has encendido la mecha
de un volcán en erupción.
Estás llenando la vida
de sentimientos, deseos,
impulsos, ya sin medida,
sin control y sin recelos.
Es una breve locura
que trastorna tu consciencia,
que te eleva a las alturas,
que modifica tu esencia.
Cuando estás enamorado
el prisma es de otro color.
Hasta el tiempo se ha parado
y el cielo destila amor.
En una nube rosada
están los enamorados.
Y no necesitan nada.
Sólo ellos, abrazados.
Sólo los que se enamoran
conocen el sentimiento
propio de dioses que moran
contigo en el pensamiento.
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